Ponemos voz a las personas que diariamente cuidan a los usuarios de ATADES en primera línea. Ellos representan y ponen voz a todos los Héroes que cuidan de las personas con discapacidad intelectual

Están en primera línea, son trabajadores y diariamente asisten a personas con discapacidad intelectual. No son profesionales de los hospitales, ni profesionales de las fuerzas de seguridad, ni bomberos, ni voluntarios… pero también son héroes. Quizá menos mediáticos, pero, no por ello menos importantes. Son grandes héroes de esta crisis sanitaria, de esta pandemia llamada coronavirus y Covid-19. Se trata de más de 350 héroes. En ATADES “Entre todos, haremos todo”. Y ellos así lo demuestran. Diariamente lo dan todo con su trabajo, pero también con algo más, algo que traspasa todo tipo de fronteras y que el coronavirus nunca vencerá: el cariño a cada una de las personas por y para las que trabajan. Un cariño mutuo: tú me das, yo te doy. Porque a quienes asisten son buenos, muy buenos, tienen un corazón enorme y dan cariño… mucho y del bueno, siempre lo han dado, pero ahora quizá más, porque ellos quieren agradecer todo lo que están haciendo por cada uno de ellos en un momento tan complicado como el que vivimos. Un gracias por estar en primera línea en el peor momento sanitario de todas nuestras vidas. Dan y reciben de personas muy especiales, personas con discapacidad intelectual a las que, este virus también ha confinado, pero no en casa de sus padres o familiares sino en una de las residencias de ATADES que, para muchos, es su hogar: Ciudad Residencial Sonsoles, Centro Ocupacional y Residencial Santo Ángel y Centro Integra Aragón.

Los héroes anónimos tienen nombre y apellidos. Son ejemplo del trabajo bien hecho por profesionales del sector y de una gran calidad y calidez humana. Hoy contamos la historia de personas, de las personas de ATADES que trabajan en primera línea, en la primera línea de las residencias. Con su labor diaria previenen, protegen y cuidan a más de 340 personas con discapacidad intelectual que, durante estas semanas, viven en una de nuestras residencias, en las residencias de ATADES.

CIUDAD RESIDENCIAL SONSOLES (ALAGÓN)

Arancha Menayo, personal de atención directa: “Somos un gran equipo y lo estamos haciendo bien. Podemos y los chicos son fuertes”.

Arancha Menayo Macías. Técnico sociosanitario que desarrolla actualmente sus labores dentro del centro Covid-19 de positivos y aislamiento en la Ciudad Residencial Sonsoles. Forma parte de ATADES desde hace cinco años. Como personal de atención directa, realiza todo tipo de funciones asistenciales de la vida diaria. Además, colabora estrechamente con el equipo sanitario en la organización y reparto de la medicación. Sus compañeros destacan de ella ser positiva y comprometida con la labor de la organización. Para Arancha, las primeras semanas en las que empezó el Covid-19 “todo era incierto, hubo un poco más de ajetreo, pero después, todo se tranquilizó y ahora está muy organizado”. La actual situación “ha provocado tener una mayor carga de trabajo”, así como la necesidad de tener que adquirir nuevos hábitos como, explica, ir con los EPIS, “necesarios aunque dificulten algo el trabajo por no estar acostumbrados a llevarlos”. En el día a día, “los residentes nos animan más ellos a nosotros que nosotros a ellos, sobre todo en momentos que pensamos que no podemos más”, asegura. Cuando habla de “los chicos”, haciendo referencia a los residentes, Arancha esboza una sonrisa… “te miran, se ríen y te dicen que todos tenemos que estar aquí hasta que el Gobierno decida”. De su trabajo en primera línea ha aprendido y, resalta, “estar más compenetrada con el resto de los compañeros”. “Somos una gran familia”. Para ella, lo más gratificante es ver como “quiénes han entrado a la zona de aislamiento, se van y los chicos les aplauden. A nivel profesional y personal es muy gratificante”.

 

María Victoria Rivas, personal de atención directa “¡Fuerza y que no se nos pierda la sonrisa!”

Técnico sociosanitario que desarrolla actualmente sus labores en el centro de personas gravemente afectadas en el Centro de Atención a Minusválidos Profundos (CAMP). Lleva cerca de 10 años prestando servicios asistenciales en la Ciudad Residencial Sonsoles. También colabora con el equipo sanitario en la organización y reparto de la medicación. Persona positiva y comprometida con su trabajo.

María Victoria elige la palabra “tensión” cuando se refiere “a no saber lo que te vas a encontrar en el día a día, si va a haber afectados o no”. Lo importante, aclara, es que “entre las compañeras lo llevamos bien, vamos o intentamos sonreír y sacar fuerzas”. De los residentes, asegura que debido a la situación de confinamiento y al virus están “un poco más serios, pero les pasa como a nosotras, aunque intentamos estar igual e intentamos que los residentes no perciban nuestra inquietud por lo que va a pasar”.  En su trabajo diario, asegura que “hay que tomar más precauciones”. Para que esta situación no sea preocupante para los usuarios “intentamos poner música y estar contentas”. “Nosotras si venimos apagadas de casa, aquí cambiamos de chip para que no lo noten”, añade. Como terapia “reímos mucho, si se puede” y entre los trabajadores “ahora nos interesamos más los unos de los otros y nos mandamos wasap, antes no lo hacíamos”. A pesar de la situación “venimos contentas a trabajar, que no nos cambie este ánimo”, concluye.

 

Rosa Nelida Molinero, personal de servicio doméstico: “Vamos a salir de esta. Lo conseguiremos y lo vamos a conseguir todos” (mientras dice esta frase, cierra el puño y aprieta la mano para transmitir fuerza y energía)

Rosa Nelida, Nely para sus compañeros y amigos desarrolla, desde hace tres años, sus labores en todas las áreas de la Ciudad Residencial Sonsoles. Como personal de servicio doméstico, desempeña todo tipo de funciones asistenciales de la vida diaria. Quiénes trabajan con ella, la definen una persona positiva y muy organizada en sus labores diarias. “Al principio era un poco caótico, nos costó centrarnos porque todo era nuevo, pero gracias a ayudas externas con las desinfecciones y los compañeros, sale el trabajo”. “Somos una piña”. Así es como Nely define su trabajo en Sonsoles. Aunque positiva, no oculta que con el coronavirus es “más estresante” porque “convives con personas que no lo llevan bien y, aunque no son familia tuya, los quieres mucho”. En Nely, el roce ha hecho el cariño y “me duele todo lo que les pasa a ellos”, puntualiza. En estos momentos, destaca la buena relación que tiene con los residentes, “los quiero muchísimo y me duele verlos en esta situación en la que están preocupados por sus familiares, amigos y monitores que hace mucho que no ven”. Preguntan por todo el mundo. De su día a día laboral, asegura que “todos somos compañeros y si hay que echar una mano, se echa te toque donde te toque”. En medio de esta crisis y de las dificultades que le puede entrañar la situación, “la alegría de los chicos es lo que más me llena”, destaca. “Me preguntan por sus compañeros en otras estancias y me dan recuerdos y besos para unos y otros”, Nely sonríe mientras lo cuenta.

 

CENTRO INTEGRA ARAGÓN

María Victoria Horno. Responsable del servicio de limpieza y lavandería: “Lo más gratificante es ayudar a los chicos y ver sus caras. Me llena de orgullo y satisfacción”.

Vicky lleva dos años trabajando en el Centro Integra Aragón. Se encarga del Servicio Doméstico y Lavandería, y cuenta con una amplia experiencia en el sector de más de 10 años. Persona responsable y trabajadora, gracias a su equipo, la residencia permanece limpia e higienizada, lo que permite prevenir cualquier infección.

Su jornada comienza a las 7 de la mañana. Para ella, el trabajo “prácticamente es igual, pero con muchísimo más cuidado, adoptando más medidas e intentando no meter la pata” porque “nos jugamos muchísimo”. De su relación con los compañeros destaca que “ahora somos como una familia, comemos y merendamos juntos, nos hemos unido más”.  A pesar de estar en primera línea en momentos tan complicados, su vida laboral “ha cambiado a bien” aunque “se ha tensionado todo, pero somos muy responsables y eso también te fortalece”. Reconoce que los residentes están “un poco más nerviosos y alterados, pero desde aquí, se hacen muchas actividades para ellos”. Dentro de que no pueden salir a la calle, asegura que “se están portando bastante mejor que nosotros. Además, me animan ellos”. En estos días, también hay recuerdos en los centros como el de Vicky a su compañero de trabajo Manuel quién “siempre ha querido estar en primera línea y por motivos de salud ahora no puede” Vicky aprovecha para mandarle un beso de parte de todos.

 

Dani Miranda: “En mi día a día, tengo la suerte de que no estoy con una compañera, estoy con una amiga”

Dani lleva tres años y medio en el Centro Integra Aragón. Es personal de atención directa en su Centro de Día. Es una persona con una gran creatividad artística e iniciativa para conseguir los objetivos de los usuarios, apoyándoles no sólo en su cuidado, sino también organizando actividades que les estimulen. Quiénes bien lo conocen lo definen extrovertido, simpático y muy creativo.

“Mi jornada laboral es intensa. Psicológica y físicamente agotadora, pero gracias a los apoyos que tenemos los unos a los otros se hace más amena. Es importante estar con alguien con quién tengas confianza, te compenetres y trabajes muy bien. Te llena saber que estas y formas parte de una ayuda, que no lo haces solo y no cargarte mentalmente”. Así es como Dani define su día a día. De los primeros momentos del estado de alarma, recuerda que “de la noche a la mañana, pasas de estar en un aula a practicar protocolos, a meter a gente con EPIS en una zona de aislamiento” pero, añade, “te unes más a quiénes están haciendo lo mismo que tú”. El estado de ánimo de los residentes reconoce que “depende” porque “quiénes permanecen en una zona de aislamiento, están asustados al no saber lo que pasa”. En el Centro Integra Aragón, la zona de aislamiento, es un área dónde están quiénes pudieran tener algún síntoma como medida de precaución. “Tú los animas porque es parte de tu trabajo y tu ética moral te dice que debes hacerlo, pero también recibes un apoyo grande cuando vas y haces tu trabajo”, asegura.

Dani concluye que “gracias a esto -al coronavirus-, no nos debemos centrar en lo material. Ahora lo único que echamos de menos es un abrazo, un beso, ver a tus padres, pero… ¡pronto lo conseguiremos!”

 

Anays Ramírez, coordinadora. “Aunque afectivamente no podamos dar abrazos, nos los damos con la mirada. Eso para mí es muy gratificante”.

Anays lleva dos meses trabajando en el Centro Integra Aragón. Es coordinadora de turno de tarde en la residencia y cuenta con una amplia experiencia en el ámbito de la atención directa a personas con discapacidad, además cuenta con formación sanitaria. En sus dos meses en la residencia ha demostrado ser una persona resolutiva, con iniciativa y capacidad de trabajo en equipo. Anays, siempre con una sonrisa en la cara.

A Anays el estado de alarma le ha coincidido con sus primeras semanas como trabajadora de Centro Integra Aragón. Recién llegada ha visto como sus jornadas en poco tiempo han cambiado y se han adaptado a la nueva realidad. Ella la afronta siempre con una gran sonrisa. “Desde que comenzó la crisis sanitaria mi vida laboral ha cambiado bastante en horario, en normas que antes teníamos, pero no eran tan estrictas como es ahora la toma de temperaturas, ver cualquier síntoma que pueda llamarnos la atención y, por supuesto, el confinamiento. Los chicos están muy bien pero no es lo mismo que cuando podían salir, ahora tienen que hace vida en casa. Debido a esta situación estamos haciendo una jornada intensiva de doce horas. Hay de todo, por la mañana verificamos que tanto trabajadores como usuarios estén sin síntomas, vigilamos que durante el turno todo vaya lo mejor posible. Terminamos muy contentos cuando todo ha ido muy bien.” Así es como Anais afronta esta nueva situación.

Es una persona alegre y su mayor sonrisa la esboza cuando habla de los residentes dice de ellos que “la relación es muy buena y se portan fenomenal. Se les nota, como se nos nota a todos, como están nerviosos y la ansiedad que da estar en una situación de no poder salir de casa”. Ella como sus compañeros saben que “es un proceso que sabemos que tiene fin y eso es lo bueno. Yo los animo y ellos me animan, es un trabajo mutuo. Paso más tiempo con mis compañeros que con mi familia. Ahora como tenemos más tiempo para estar más juntos, tenemos más unión y nos conocemos mucho mejor.” A lo que Anais añade, siempre con una sonrisa, que “todo tiene su parte positiva, a pesar de esta pandemia”. Asegura que “aprendemos a querernos más” y “todo pasa y aprenderemos muchísimo de todo esto”. “Cuando termine, volveremos a ser de otra manera”, concluye.

CENTRO OCUPACIONAL Y RESIDENCIAL SANTO ÁNGEL

Anchel Pino, Rosa Fustero, Itziar García y Juan Manuel Rodríguez:Lo que peor llevan es no poderse abrazar y besar, pero nosotros también el no abrazarles y besarles”

Anchel, Rosa, Itziar y Juan Manuel son cuidadores de residencia que desarrollan su labor en el Centro Ocupacional y Residencial Santo Ángel. Comparten trabajo y comparten diferentes puntos de vista en medio de esta crisis sanitaria.

Rosa asegura que el trabajo es “igual que antes, pero intentamos que nuestros usuarios no estén nerviosos y ponemos todo de nuestra parte para que sean lo más felices posibles”. Itziar indica que “intentamos darles un apoyo especial para que se sientan cercanos, como en sus casas ya que no pueden ver a sus familias”. Para Juan Manuel “lo más importante es que estén distraídos y se olviden de lo que hay fuera. No está mal que vean la televisión, pero todo el día hablando de lo mismo, no. Cuánto más distraídos estemos, tanto ellos como nosotros, mejor para todos”.

Anchel no duda en reconocer que “se está haciendo largo, pero lo estamos todos llevando muy bien”. Todos coinciden en que ahora “se trabaja mucho más en equipo y hay más ocio que antes y más protección”. Rosa asegura que “no estamos acostumbrados y tenemos que estar más atentos” A lo que Itziar añade, que estos días, “tomamos de forma constante la temperatura”.

Juan Manuel señala que la frase más repetida en la residencia, por parte de los profesionales, es la de “por favor no os juntéis, separaros, por favor no os juntéis”. En estos momentos, los residentes “son estupendos y muy agradecidos con todos nosotros, aunque están un poco más inquietos y nerviosos, pero lo están llevando muy bien, incluso mejor que gente de fuera de la residencia”, indica Itziar.

Anchel y Juan Manuel destacan “la suerte” de disponer en Santo Ángel de “una zona de ocio y patio grandes para pasear y que muchas casas no las tienen. Además de salas, comedores, zona de cine…”

Rosa segura que “nosotros a los residentes les trasmitimos tranquilidad y seguridad y nos ven contentos”, a lo que Anchel añade que “hay gente con muy buena pasta para la situación en la que estamos”. “Cuando vemos alguno que está más bajo, entre los trabajadores y sus compañeros de residencia los animamos”, puntualiza Rosa.

De estas semanas, Itziar destaca el trabajo en equipo y Juan Manuel que “ahora sabemos un poco más de la vida personal de los compañeros ya que antes no hablamos, éramos más independientes con la rutina. La relación es más intensa que antes”.

Para ellos, lo más gratificante es “la cara de los usuarios; venir y que te sonrían te quita el coronavirus de golpe; el poder seguir trabajando que indica que estoy bien; y cuando llegas aquí se te olvida lo que hay fuera porque estamos mejor aquí que en casa”.

Entre sus mensajes positivos a quiénes sufren por ellos y para los que prestan su día a día en Santo Ángel: “mucho ánimo a todos, porque esto terminará pronto”, de Juan Manuel; “juntos podemos con todo y estamos bien”, de Itziar;  “los estamos cuidando, como mínimo igual que ellos los estarían cuidando en casa y están muy contentos de estar aquí”, de Rosa, y “no os preocupéis que estáis vosotros peor en casa que nosotros aquí”, bromea Anchel.

 

Héctor Carbó, técnico de Deporte: “Entre todos podemos sacar esto adelante. Lo único que debemos hacer es dar lo máximo de nosotros para poder ayudar a los demás”.

En su día a día como técnico del área de deporte en el Centro Ocupacional y Residencial Santo Ángel, Héctor asegura que, desde el estado de alarma, “seguimos atendiendo con actividades que cumplen los mismos objetivos que hasta ahora. Lo único que ha cambiado es la configuración de los grupos para que no se mezclen y estén en un espacio con mayor seguridad con el objetivo de que no haya contagio entre ellos ni con nosotros. Ahora ya no hay contacto físico.” La relación con sus compañeros indica que es “la misma, pero, quizá ahora, se vea el lado más solidario y hacemos algunas cosas que no estaban dentro de nuestras funcionen para cubrir huecos y trabajos extras de otros compañeros”.

 

 

 

Laura Acevedo, técnico de Ocio: “Todo saldrá bien”

Laura Acevedo. Técnico de ocio en el Centro Ocupacional y Residencial Santo Ángel. Como responsable de actividades que, de forma habitual, se realizan fuera del centro, asegura que “hemos cambiado la rutina al no poder hacer excursiones ni visitas, hemos pasado del ocio externo a intensificar el interno”. “Para evitar contagios y aglomeraciones hemos dividido los grupos y aprovechado todas las salas disponibles. Hacemos que el día a día sea lo más ameno posible”, indica.  Conforme van pasando los días, siente que “se va notando que no tenemos contacto con las familias, les echamos de menos, pero estamos muy bien”. Lo más gratificante, para Laura, es que “día que pasa, día que estamos bien y día que se puede celebrar. Día que pasa, un día menos y un día más”.

 

 

 

Cesar Arqué, responsable Taller de Cerámica: “Poquito a poquito lo iremos pasando. Ellos están bien.”

El día a día de César ha cambiado. Como responsable del Taller de Cerámica del Centro Ocupacional y Residencial Santo Ángel, su rutina ha dado un giro de 360º desde que se decretara el estado de alarma. Ha tenido que “parar” el ritmo del taller, al no poder contar con la mitad de los alumnos, quiénes permanecen confinados en sus casas. Ahora, su trabajo es de apoyo a las actividades de ocio del centro, “paso por las aulas haciendo clases de cerámica y barro, ahora las actividades son más relajadas y con menos alumnos”. Para César, lo gratificante “tanto para ellos -residentes- como para nosotros -trabajadores-, es que nos sentimos cuidados”. “Mis compañeros y yo cuando nos levantamos, venimos tranquilos a trabajar y nos sentimos seguros”. Dice estar contento por cómo se ha gestionado esta situación, “los protocolos han sido trabajados y muy medidos y eso lo agradecemos todos mucho”.  Ahora pasa más tiempo con los residentes y asegura que “lo están llevando muy tranquilo”, también que “hay gente muy animada y hay otros que, a ratos, los encontramos más tristes” Pero, indica que esto les ocurre “igual que a todos porque a mí también me pasa”. “Son muchos días y todos tenemos altibajos en este tiempo”, concluye.

 

Alba Romano, Susana Martín, Andrea Grande, Alicia Nonato, Marisa Marín y Encarna Quesada: “Limpiamos tres, cuatro y cinco veces y volvemos a desinfectar y repetimos. Las veces que hagan falta»

Son trabajadoras del servicio doméstico del Centro Ocupacional y Residencial Santo Ángel. Su labor es fundamental en estas semanas, saben que una limpieza en profundidad y continua en el centro es clave para evitar contagios, por ello, desde que comenzara el coronavirus se emplean a fondo para desinfectar una, dos, tres, cuatro… las veces que sean necesarias. Unas jornadas que, para ellas, están siendo “más severas” pero aseguran “se llevan bien y estamos bien”. Cada jornada, cuando entran por el centro, saludan con un “buenos días, chicos otro día más”. Dicen a veces sentirse tristes por la situación actual que se vive, “la tristeza va pasando de unas a otras, la que ha superado la tristeza un día, se anima con la otra”. En estos días, “todas tenemos las emociones a flor de piel”, reconocen. “Hay días que estamos bien y otros peor, momentos en los que saltamos, pero nos aguantamos, lo vamos llevando y resistiremos”, reconocen.

Respecto al cariño que sienten por los residentes es “mutuo”. “Ellos no salen a la calle, nosotras sí y nos preguntan porque llevamos mascarillas, y les decimos que nosotros los trabajadores podemos ser los portadores para ellos”, les explican. Ven que ellos “lo llevan bien, pero echan de menos a la familia, sobre todo los que más acostumbrados están a irse”.

Ellas mandan a los suyos, mensajes de ánimo: “¡Mucha fuerza y ánimo a todos que lo conseguiremos!”, “¡ánimo!”, ¡ya queda poquito!, ¡un día más, un día menos!

Todas esperan que… “cuando acabe esto, hagamos una fiesta para celebrarlo.”

SUS FRASES, SUS ÁNIMOS… SUS PALABRAS LLENAS DE ESPERANZA

“Quiénes han entrado a la zona de aislamiento y se van, los chicos les aplauden. A nivel profesional y personal es muy gratificante”

“Entre las compañeras lo llevamos bien, vamos o intentamos sonreír y sacar fuerzas”

“Todos somos compañeros y si hay que echar una mano, se echa te toque donde te toque”

“Lo más gratificante es ayudar a los chicos y ver sus caras. Me llena de orgullo y satisfacción”

“En mi día a día, tengo la suerte de que no estoy con una compañera, estoy con una amiga”

“Aunque afectivamente no podamos dar abrazos, nos los damos con la mirada. Eso para mí es muy gratificante”

“Lo que peor llevan es no poderse abrazar y besar, pero nosotros también el no abrazarles y besarles”

“Entre todos podemos sacar esto adelante. Lo único que debemos hacer es dar lo máximo de nosotros para poder ayudar a los demás”

“Todo saldrá bien”

“Poquito a poquito lo iremos pasando. Ellos están bien”

“¡Mucha fuerza y ánimo a todos que lo conseguiremos!”, “¡ánimo!”, ¡ya queda poquito!, ¡un día más, un día menos!