Guillermo Serrano, terapeuta ocupacional de a·Autismo

El procesamiento sensorial está teniendo mucha importancia en el autismo desde la publicación del manual diagnóstico DSM-V en 2013, en este manual se tiene en cuenta la hiper/hipo – reactividad o el interés inusual en aspectos sensoriales del entorno y forma parte de los criterios diagnósticos del Trastorno del Espectro del Autismo. En realidad, no es nada nuevo, esto ya aparecía en las primeras publicaciones de investigación y en los primeros testimonios de personas con autismo, donde ya mencionan que en muchas ocasiones el procesamiento sensorial supone un desafío para el día a día. Podemos afirmar la existencia de más de 5 sentidos o sistemas sensoriales, además de los que todos conocemos (vista, oído, gusto, olfato, tacto). Desde la unidad de adultos de a·Autismo damos también importancia al sistema propioceptivo, al sistema vestibular y al sistema interoceptivo.

Cuando hablamos de Integración Sensorial (Jean Ayres, 1972) nos referimos a la capacidad de nuestro sistema nervioso para el correcto procesamiento sensorial (detectar, registrar, modular y/o discriminar el estímulo para dar una respuesta adaptada en el entorno), el cual nos permite el desempeño de las actividades, que repercuten directamente en la ocupación de las personas.

Desde la unidad de adultos de a·Autismo, el terapeuta ocupacional valora las dificultades de procesamiento sensorial que pueden tener nuestros usuarios, mediante entrevistas, cuestionarios y observaciones clínicas (estructuradas y no estructuradas) con el objetivo de entender cómo se procesan los estímulos y como afecta en los diferentes momentos del día a día.

La intervención en Integración Sensorial es una intervención transversal susceptible en cualquier momento de la vida, cuestión que los profesionales de a·Autismo tienen en cuenta para los diferentes ámbitos de la vida de los usuarios (laboral, relaciones sociales, actividades de la vida diaria…). La intervención es la mismo; pero, como es natural, debemos ajustarnos a las características de la persona y a su edad.

En nuestro caso, un aspecto diferenciador respecto a la intervención con niños cuando trabajamos con el marco de Integración Sensorial en adolescentes y adultos es que además de realizar la intervención a través del juego, trabajamos con la cognición. Es decir, explicamos cómo es este procesamiento sensorial y pedimos una devolución de cómo esas disfunciones están afectando a su ocupación. Además, creamos adaptaciones e incluso dietas sensoriales para afrontar aquellas situaciones que suponen un desafío en su día a día.

Entrevista con Guillermo Serrano, terapeuta ocupacional de a·Autismo